20 de Junio - Día de la Bandera Argentina

martes, 6 de marzo de 2012

Homenaje a Mario Nestoroff Palabras de Bruzera y del sobrino del poeta

Reseña de las palabras de Carlos Bruzera, en el salón LESTANI, Feria Regional del Libro.

 Febrero de 2012.
Estábamos  debiendo esta breve síntesis, de  las palabras de Carlos Bruzera, que con posterioridad a la inauguración del Busto de Mario Nestoroff, en la calle Pellegrini de Resistencia, el mismo día  pronunciara  en el Salón LESTANI,  en el marco de la Feria Regional del Libro del Chaco, realizada en la misma ciudad.  No  es  una versión grabada, la que transcribimos  sino surgida de apuntes registrados  en el momento, por lo que pedimos sepa el confraterno Perro Bruzera disculpar algunas omisiones,  que seguramente dejan fuera  giros e inflexiones que  marcaron  tan sentido como emocionado  homenaje.
Y pongo especial empeño en consignar este testimonio de un amigo a otro, porque de sus palabras surge por sobre todo la ofrenda, a la radiante e incólume amistad juvenil fraternal, nunca deteriorada por nada.  Porque no nos cansamos de sorprendernos, nosotros  los fraternales, del cultivo de  la amistad,  que forjaban nuestras adolescencias. La varonil amistad que cultivamos en aquellos claustros, para nosotros natural e inherente a  las formaciones plenas que nos planteaban los educadores, es un emblema que llevamos todos en el alma, y en el hacer; que pareciera tan necesaria volver a promover, con especial empeño  en nuestros jóvenes y  en los tiempos que corren, para  que surja una noble  arista de la personalidad. Nuestra actualidad necesita imperiosamente de amistades sólidas, indestructibles, que resisten el paso del tiempo y de las más duras contingencias. Veamos si no.
Antes de entrar de lleno al  sintético pantallazo de un discurso sumamente rico y contundente, ya que es  de esas piezas que en pocas palabras exhibe un policromático  enfoque  de una vida  que al ser evocada,  se hace imagen concreta de una embellecida realidad,  quisiéramos compartir la novedosa significación que Bruzera presentó de la palabra AGONIA. Hemos ratificado  con  el Diccionario de la Real Academia Española y acertadamente  Bruzera la va a utilizar en su acepción de origen griego y del latín: en la que significa:”ansia o deseo vehemente; angustia o congoja provocada por conflictos espirituales.  Lucha o contienda”
Dijo Bruzera que la primera vez que vino al Chaco, hace unos años  fue para estar en la  presentación del Libro “Cazador de sueños”, entonces había experimentado una íntima necesidad de rescatar para la memoria colectiva la figura de un gran poeta. Y junto a ello experimentó el nerviosismo propio de quien va a hablar de un ser cercano, a quien lo une una entrañable relación de amistad y de ideales juveniles comunes.  En este 2012, con motivo de una nueva reimpresión de “Cazador de sueños” – dijo- no sólo vuelve  con las mismas  inquietudes de traer desde lo  desconocido la figura de un poeta excepcional, y así hacer  lozana y actual la memoria de un excelso artífice chaqueño de la palabra musicalizada en poesía: MARIO NESTOROFF, sino que se propone  encontrar y dejar instalado en todos al hombre noble, puro  y soñador que él conoció. Esa figura oculta, desconocida para el común de la gente, tiene en Bruzera casi la convicción de  ser “un poeta maldito”, en el que la figura humana opacó, y arrastró en brumas al brillante poeta, al amante de su tierra, al agudo observador  de espíritu rico y de palabra musicalizada.
Para Bruzera la biografía de Mario, podría encuadrarse en tres etapas,  TRES AGONIAS. 
La primera “agonía”, la de su “infancia” con un padre severo y exigente,  al que Mario experimentó distante, que tal vez no veía en su hijo esa pujanza espiritual del poeta en ciernes;  con  una  madre buena, luchadora por las iniciativas humanas y culturales, de su pueblo, y una  excelente  hermana que siempre estuvo con la mano tendida hacia Mario. La tercera “agonía” de Mario, desde 1970 a 1980, la etapa que Bruzera prefiere ignorar, porque lastima su corazón fraternal, fue la de Mario desorientado deambulante y  soñador, que va olvidando y desgarrando su propia persona, embarcado en opacos peregrinajes teñidos de alcohol, son los años del  poeta trasnochado y solitario que produce magistrales e infinitos poemas a cambio de lugares y comidas. No quiere Carlos Bruzera – y lo afirma contundente. No quiere saber  de esa etapa oscura, ni que esa agonía predomine sino que trae sobre el estrado, y lo hace con una fuerza interior sorprendente, la que él llama de su segunda “agonía” la que va desde 1950-1970, y que Bruzera titula casi ampulosamente, convencido de que es la del verdadero poeta,  la ETAPA AZUL de Mario, de su querido amigo “el gallo” Nestoroff. Tal vez le adjudica el azul de ese cielo, que los románticos  habitan tocando las estrellas y meciendo sus sueños en etéreas nubes viajeras.
Ese es el Mario Nestoroff, enaltecido en su fecunda lírica y sostenido para siempre, por los mágicos duendes y las hadas que rondaban sus versos, que debe quedar para la posteridad, y  que puede  engrosar, con extraordinaria solvencia propia la lista de los hombres de letras que aman su tierra, y le cantan con vehemencia inusitada, y con calidad literaria inédita.  Esa  es la brillante etapa del joven que  enriquece su formación literaria, leyendo casi con voracidad a todos los insignes poetas, y de todos dice Bruzera: Mario era adherente incondicional. Amaba a todos los que ilustraban sus devaneos de musicalizar la realidad con palabras. Años de luz de Mario, que corriendo tras las quimeras de sus sueños, se formaba  a la vez notablemente en la poesía vestida de lirismo. Y en ella evidenciaba su interior auténtico de muchacho puro, despegado casi de lo que lo rodeaba, cautivando a todos con una adultez de niño,  encerrada en un corazón de mozalbete inocente, que no se decidía a ser mayor. Etapa en la que evidencia los más sorprendentes recursos del habla, con una inagotable fuente de nuevos vocablos, bellamente sonoros, sencillos, justos, definitorios, magistrales y atrapantes en descripciones y añoranzas, cálidamente expresados.
Bruzera, fue acumulando incontables poemas, anécdotas y nunca encontraba  esa fuerza interior que es mandato de concreción, hasta que escribió su obra en el año 2005, y dice “en quince días escribí lo que guardé durante 25 años”.
Dice BruzeraMario gustaba hablar de hadas y duendes, y  el  amigo tal vez más de una vez habrá  evidenciado cierta incredulidad juvenil ante ese recurso de la riqueza imaginativa de Nestoroff.
Agrega aquí Bruzera una anécdota que relata creando  un ámbito sugerente, tan apropiado que  hizo  experimentar a la audiencia que era parte de una  gratificante atmósfera de  intimidad, lograda en un rito de amigos. Dice Bruzera que en las  vísperas de cada 12 de mayo- día de su cumpleaños, Mario a las doce de la noche lo saludaba con un poema que le entregaba personalmente. El día en que Carlos cumplía 21 años, Mario escribió a la hora cero,  configurando casi un mandato de confiada esperanza en los ideales más caros, esos   que él  sostenía en ese transitar  excelso de su  fascinante mejor etapa, que es la que lo proyecta a la posteridad.
“Déjame amigo mío,
Que pida al cielo de la mañana
Que siempre tú creas
En los duendes y en las hadas”

Tal vez duendes y hadas lleven a entender lo que es eternidad en la pura inocencia de un niño; y Mario alcanzó  umbrales de  gloria y eternidad, como un eterno niño,   apoyado  en ellos para seguir soñando.

Cerró Carlos su disertación, diciendo: “por eso estoy convencido, que Mario está por acá,  lo flanquean sus duendes y sus hadas,…sí,  porque el Cazador de sueños  ha regresado para siempre,… para quedarse en su tierra y con su gente”
Melba y Pedro López




Mario Nestoroff para los suyos
El poeta íntimo.
Cuenta amablemente su sobrino: Fue un tío cercano, afectuoso y solitario.
Llegaba a nuestra casa de San Bernardo, con alegría sencilla,  silenciosa, no demostrativa ni  de grandes gestos. Pero de  grata  cercanía y largos diálogos fraternos con mi madre.
Siendo pequeños nos sentaba en sus rodillas, y nos dejaba algunas frases en versos, que nos resultaba grato escuchar.
Tengo el recuerdo de un hombre  bueno, sumamente respetuoso, prudente,  sobrio.  Muy sencillo y humilde. Sabía alejarse del ámbito familiar, cuando su  adicción al alcohol, lo doblegaba. Desaparecía de la familia.
Ahora veo la proyección y la producción literaria, pero él no hacía ostentación de esos dones.
Estamos orgullosos que el Museo  de San Bernardo iniciado por mi madre,  y al que ella dedicó muchísimos esfuerzos, lleve el nombre de Mario Nestoroff.
Rcia. Febrero de 2012.
M.R. de López



Sin duda no es redundante agradecer una vez más a Melba y Pedro López. Ellos encabezaron la representación fraternal, tal como sucedió en otras ocasiones. Ellos recopilaron las palabras de cada instancia y las imágenes publicadas hasta ahora

¡Gracias, Melba Ruíz y Pedro López...!!!


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