20 de Junio - Día de la Bandera Argentina

sábado, 7 de octubre de 2006

FORMAR FRATERNALES, por Jorge Enrique Martí

Mis Confraternos del “Centro Maxit” me piden una colaboración para la página que han abierto en el aire con ese aporte tecnológico desconocido para quienes todavía nos comunicamos de viva voz o con lápiz en mano y por correo normal.
¿Qué puedo expresar después de haber escrito tanto sobre la histórica Sociedad Educacionista “La Fraternidad”, devenida en Asociación y prendida para siempre en el corazón con el cariñoso diminutivo de “La Frater”?
Veamos. En 1943, el último de mis cinco años fraternales, gané el concurso organizado por la Protectora Fraternal, esa magnífica entidad de los internos lamentablemente desaparecida y que entonces conmemoraba sus primeros 50 años. ¿El tema elegido? La Fraternidad: pasado, presente y futuro.
En 1949, en mi libro “Panambí. Versos entrerrianos”, y en el librito de homenaje al Colegio histórico en su hora centenaria, están presentes “La Frater” y algunos destacadísimos ex internos. Esa presencia se vuelve emoción recóndita en 1952 en las también breves páginas de mi “Fraternilla”: 14 sonetos a los que el vasco José Miguel Irigoyen agregó el número 15 en gratísima sumatoria.
De ahí en mas, en todos mis libros se advierten los rumorosos recuerdos de la adolescencia vivida, convivida y conmovida en esa maravillosa “Casa de la Juventud”, como alguna vez la he llamdo. A ello está unida en forma permanente mi tarea periodística, en distintos medios nacionales y provinciales, en divulgación y puntual tratamiento de toda la problemática fraternal, en un tiempo de transformaciones que aconsejaban la fervorosa preservación de los motivos determinantes de su fundación. De ese asunto me ocupé expresamente en oportunidad del centenario, en 1977 y sobre todo cuando fui honrado con la presidencia de la asamblea de confraternos reunidos en tan memorable circunstancia. Desde mi punto de vista, no se trataba ni se trata de volver a 1877, sino de mantener vivos, acrecentados y aún mejorados los ideales de los muchachos de aquel año fundacional. Frente a la inquietante quietud de quienes afirman que todo tiempo pasado fue mejor, he sido un coincidente sostenedor con José Ingenieros de que todo tiempo futuro será mejor, porque va en ello el sueño optimista de quien tiene el alma desbordante de emociones.
En 1877 hubo una respuesta solidaria a la preocupación que inquietaba al estudiantado del Colegio de Urquiza. ¿Qué había pasado?. Durante la presidencia de Nicolás Avellaneda, ex Ministro de Instrucción Pública de Sarmiento, estalló una profunda crísis económica, que se intentó resolver con drásticas medidas restrictivas de los recursos públicos. Fue de tal gravedad la situación que se cancelaron las becas estudiantiles y se clausuró el internado que funcionaba en el Colegio histórico. Recordemos que el propio urquiza, siendo Presidente de la Confederación Argentina, había promovido el establecimiento de becas para estudiantes provenientes de las distintas provincias quesiguieran sus estudios en el instituto educacional que él mismo había creado en 1849 y que explica la presencia simultánea del tucumano julio Argentino Roca, el salteño Eduardo Wilde y el entrerriano Olegario víctor Andrade como condiscípulos en la muy ilustre Concepción del Uruguay.
¿Qué sucedería con los jóvenes que veían cerrado su futuro, al perder las becas y quedar desalojados del internado que los albergaba?. Sucedió la respuesta unánime del estudiantado, que enarboló su responsabilidad como una bandera indeclinable y reunidos el 14 de mayo de 1877 en el desaparecido Teatro “1º de Mayo”, ubicado frente a la plaza de las glorias entrerrianas, en el sitio donde hoy funciona el rectorado de la UNER, dieron nacimiento a la Sociedad Educacionista “La Fraternidad”, con la propuesta de socorrer a los compañeros afectados y de proyectar en el tiempo la empresa idealista surgida al amparo de ese hermoso nombre: fraternidad.
Había en aquellos muchachos fundadores las señales que definen a los espíritus superiores y así aparecen integrando la primera comisión directiva de la flamante institución nada menos que José Benjamín Zubiaur, como presidente, y Martiniano Leguizamón como secretario.
Durante el período en que ejercí la vicedirección de la “Casa de los Recuerdos”, como la llamó el también fraternal Córdova Iturburu en su ya clásico poema, apareció la revista “Chécale” que hacíamos con el aporte entusiasta que algunos internos que posteriormente se destacaron, inclusive en la literatura, como Jorge Osvaldo Sito, Mario Nestoroff y Guillermo Wiede, sin olvidar a Juan José pappetti, darío Jorge Pozzi y a Ricardo Alvarez con sus dibujos humorísticos de “Don Chécale”, un personaje de la historieta de su creación, al que Wiede sumó después a “Checalín”. Quien recorra la colección encontrará en cada número el texto de la serie titulada “Documentos fraternales inéditos”, que yo obtenía del archivo fraternal celosamente guardado en dependencias del Consejo Directivo, con la finalidad de que no se tuvieran dudas sobre los propósitos de los fundadores, que iban mucho mas allá de resolver el problema coyuntural del desalojamiento de muchos de sus compañeros. Porque lo que se fundó aquel 14 de mayo de 1877 fue una auténtica sociedad educacionista y no un simple internado o una casa de pensión que sustituyera al clausurado por la emergencia.
Además y esto hay que subrayarlo, la propuesta tenía como meta claramente definida la ayuda que facilitara y asegurara la prosecución de estudios secundarios y ulteriormente superiores, a jóvenes ricos en inteligencia e indigentes de fortuna, como rezan los estatutos primigenios y quedó escrito desde entonces y para siempre.
Con este espíritu y esa consigna nació y creció La Fraternidad, poblada con adolescentes que llegaban de todos los rumbos del país. Porque esa fue otra de las características de “La Frater”: las distintas tonadas de las diferentes provincias de donde venían y entre los que no faltaron algún paraguayo o algún oriental ribereño del río de los pájaros.
¿Cçomo y de donde salieron los dinerillos para concretar aquel sueño de niños que se haría realidad de gigantes?. En cada pueblo cada estudiante de aquel conjunto comprometido puso el mayor empeño en recaudar moneda a moneda, patacón a patacón, los medios necesarios para atender el alquiler de la primera vivienda y la alimentación de los primeros jóvenes amparados y protegidos con el símbolo fraternal de las manos unidas. Y también hubo ingenio en la organización, entre otros medios, de la “troupe” de actores encargada de representar en los pueblos vecinos alguna obra surgida del talento de aquellos emprendedores, como los “Los apuros de un sábado”, de Martiniano Leguizamón, que llegó al público de Colón y ha sido tema de un emotivo romance de Arturo Capdevila.
Esas son y allí están, en aquellos perdurables documentos, las raices sustentadoras de una institución que realizaría la quijotesca tarea de formar fraternales, es decir, jóvenes solidarios, espíritus confraternos, inquietos, respetuosos, dignos en la pobreza y abiertos al diálogo fecundo y al pleno ejercicio de los ideales mas nobles y de las propuestas más generosas. Formar fraternales con ese decálogo que fue el legado de Ernesto A. Maxit, escrito con las palabras indelebles de la eternidad, como síntesis cabal de los atributos que debe lucir cada fraternal. Y hay en ello una lección: Siempre se puede cuando se tiene el alma grande y el pensamiento está en armonía con el sentimiento en la impecable balanza de las fuerzas morales. Así fue el hermoso gesto alumbrador del legado de Bartolomé Vasallo, que pudo y supo devolver todo lo que recibió.

El Centro de ex Internos Fraternales "Dr Ernesto A. Maxit" agradece Jorge Martí el artículo que hoy tenemos el honor de publicar en este blog.
En el Folleto "FRATERNALES" que sale el próximo lunes 9 de octubre, incluimos la primera parte del mismo.
Un saludo fraternal para todos.

Homenaje al Ingeniero GUSTAVO TORRESÁN (f), hijo del Fraternal Jorge Torresán

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