20 de Junio - Día de la Bandera Argentina

domingo, 17 de abril de 2011

Florencio López: Colaboración de Carlos Horacio Bruzera



                        IMPRESIONES QUE CAUSAN EN EL ALMA LAS COSAS ESPIRITUALES

Carlos Horacio Bruzera
Los fraternales andamos de homenajes por alguien tan especial como el mismo espíritu Fraternal; estamos sí,  enalteciendo con la memoria a un ser humano bueno que apretó filas y se fundió  con nosotros, con nuestra alma.
Desgraciadamente para los sentimientos que impresionan el espíritu, la mayoría de los homenajes por repetidos,  inmerecidos, vacuos y arbitrarios han perdido con su rutina la esencia que los hacía inmensurables.
El homenaje, la idea, el acto, nació allá por la Edad Media  consistiendo en una ceremonia donde un hombre se declaraba vasallo de un señor. El súbdito se arrodillaba ante  éste y juraba fidelidad, lo que se efectuaba para sellar vínculos imperecederos,  sobre los Evangelios o sobre reliquias. Impregnado de la idea de ofrenda, veneración y gratitud,  el homenaje comenzó así a ir mutando con los tiempos, acompañando a los hombres, convertido esencialmente en un acto de reconocimiento.
En nuestra época,  la ceremonia como decía,  se ha convertido en un muestrario de ampulosidad, de pomposidad dedicado como una alegoría del absurdo, más a los inspiradores del homenaje que a ensalzar las virtudes del celebrado; desvirtuado todo, la más de las veces, por el egotismo y el fin interesado de los organizadores que casi siempre saben poco pero especulan mucho. En un juego de ideas y palabras podríamos decir que los tributos otorgan calculados réditos.
Siguen por supuesto  existiendo corazones, muchos, muchos, pero no todos están habitados por la gratitud sin mácula que es hacia donde nos  encaminamos.
El homenaje debiera ser así,  un estado de sentimientos donde se guarden las alma del enaltecido y del enaltecedor. Raro estado sólo capaz de producirse entre seres superiores componiendo una sociedad diamantina.
Debiera ser un floreo de enternecimientos, de gratitud  gritada y de memoria emocionada por el que fue, de parte de los que aun reciben su manda.
Por eso, el homenaje fraternal a don Florencio López, al “Negro Cuidador de Pichones de Alas Recién Emplumadas”, uno de los nuestros, tiene a Dios gracias el espíritu de aquellos homenajes pretéritos, saturados de sentimientos, de emociones, de gratitud, de esos que calan hondo en los corazones.
Porque el ser Fraternal es más que un estado de ánimo, es una manera de vivir, una escuela de sentimientos siempre impresionados por las cosas espirituales en la cual los réditos no se cotizan en ningún mercado.
El homenaje Fraternal a don Florencio López pues,  esta impregnado de los “Sueños de Niños”, de esos niños que graban y no olvidan en sus  mentes infantiles nada de nada, ni lo bueno ni lo malo y muchísimo menos la probidad de agradecer al benevolente, a ese que por comunión se ha quedado convertido en parte de ese ser Fraternal.
Es posible,  se me ocurre en la vorágine de sensaciones  que me asaltan meditando sobre los homenajes y premios post mortem, que Florencio se hizo modelo, ejemplo y referente inevitable en su magisterio del buen vivir, cuando se amalgamó con ese espíritu entrañable del alma Fraternal.
Esa alma Fraternal que, creada entre muchachones,  se ha conservado ineluctablemente como el permanente abrevadero de la savia del amor, de la esperanza, de los altos destinos, y de permanente agradecimiento.
De ese cúmulo de maravillas que hizo memorable a Florencio.
Buen samaritano, Fraternal, buen samaritano.
Esa quimera de niños entonces,  trasmutada en oro de suprema ley, es la que se llega hasta la memoria para que ella cuente sus anales, y se lisonjee en la emoción que debe saber de sonrisas para ser válida.
Florencio López y sus hermanos fraternales, creo, estoy seguro, habitamos hoy en la comunión de los espíritus,  un paralelo intemporal donde milagrosamente se manipula el tiempo y en donde todo se torna un diálogo entre justos.
Hace mucho tiempo, un olvidado sin homenajes ni nobles ni vacuos, el poeta argentino Evar Méndez,  escribía un verso de apoteótica sublimidad:
¡Ah, ser todo alma un instante en la vida!.
Y así es.
Los fraternales en el acuñado homenaje al frates Florencio, hemos hecho realidad el sueño peregrino de Evar Méndez:
Somos todo alma en este instante de la vida.

                                                                                                                             ,Agosto de 2009, en Buenos Aires.
                                                                                                                                            Carlos Horacio Bruzera.

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Homenaje al Ingeniero GUSTAVO TORRESÁN (f), hijo del Fraternal Jorge Torresán

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