20 de Junio - Día de la Bandera Argentina

jueves, 7 de septiembre de 2006

Visita a un ex Interno de La Fraternidad (II).


Visita Fraternal. 25/08/06

Miguel Esteva: “Ahora parece que tengo 12 años”

Seis Fraternales visitamos a este hermano de 91 años que reside en Colón.

En la foto Oscar Senés, Franco Ferrari, Miguel Esteva, Duilio Bacalor, Walter Banegas, Jorge E. Martí y Benito
Palomo

Por Franco Ferrari
Son años. 91 para mayor precisión. Son muchos los caminos transitados por este Fraternal oriundo de Colón. Su nombre es Miguel Esteva.
Hacia el fuimos.
En la mañana del 25 de agosto partimos rumbo a esta ciudad turística ubicada a la vera del Ríos Uruguay, a 50 kilómetros de La Histórica. Oscar Senés (ex interno), Duilio Bacalor (actual director) y Walter Banegas (interno de primer año) viajaron en uno de los coches; mientras que Benito Palomo (ex interno), Facundo Paiva (interno de tercer año) y quien escribe lo hicimos en el otro vehículo. Alrededor de las 10.30 de la mañana ya estábamos frente a la casa de otro ex interno, el Poeta Entrerriano, nacido en Rosario y que poco tiempo después de cumplir un año, al trasladarse sus padres se afincó en esta provincia, Jorge Enrique Martí. Él fue quién nos guió y acompañó hasta nuestro objetivo de esa mañana de viernes: encontrarnos con Miguel.
En pleno centro de Colón, fue el mismo doctor que nos abrió la puerta de su casa, nos invitó a pasar y a compartir una nutrida charla que no tiene desperdicio. La persona en cuestión nació el 9 de septiembre de 1915 y a los 12 ya formaba parte de la gran Familia Fraternal: “Cuando yo ingresé, en la provincia había dos colegios, el de Concepción y el de Paraná, pero también existían en Concordia y Gualeguaychú anexos del Colegio y cada vez que tenían que rendir llegaban a la ciudad. Los correntinos que estaban en la Fraternidad me comentaban que en Corrientes capital había uno solo. De manera que en la época que estaba yo, la mayoría de los internos que había en La Fraternidad eran de Formosa, Corrientes y Chaco, los entrerrianos éramos minoría”, comenzó diciendo.
Pero para entonces (1927) en “La Frater” no existía el beneficio de la beca interna, sino que eran los mismos lugares de origen de los chicos, los que se encargaban de los gastos mensuales para ellos pudiesen concretar sus estudios: “Cada uno que llegaba lo hacía con una ayuda de la municipalidad del pueblo de donde provenían. La Fraternidad en ése entonces cobraba 60 pesos, de esta manera con la ayuda de los municipios los chicos podían estudiar. Cuando entré al internado yo venía acostumbrado de una vida familiar, y me encontré con muchachos de mi edad que no conocía, por eso me costó un tiempo adaptarme. Pero hoy, a 70 años que me fui da La Fraternidad, tengo los mejores recuerdos”, mencionó Miguel.
Existen muchos motivos por los cuales cada uno de nosotros pusimos un pie en esta prestigiosa institución, pero uno de los más comunes es por recomendación de un familiar directo o algún allegado; éste es el caso de Miguel, que tenía otro destino, pero su padre quiso darle continuidad a algo que él había comenzado allá por 1885: “Si mal no recuerdo mi padre ingresó a La Fraternidad en 1885, y fui a ahí por el. Yo tenía un familiar en Concepción del Uruguay que me quería llevar a vivir a su casa, pero mi padre me dijo que no porque como él había pasado por La Fraternidad y tenía buenos recuerdos, yo también tenía que ir allí. Y le agradezco porque fueron cinco años magníficos que quedaron grabados en mi mente, cosa que le debe pasar a todo aquel que aya transitado por ahí”, aseguró el confraterno.
A la hora de rescatar las cosas positivas que le brindó la institución, Esteva no dudó en otorgarle buenos adjetivos a esta histórica casa: “La Fraternidad nos dejó un sello que tenemos que tratar de prestigiar. Una de las cosas que uno aprende dentro de esta institución, es a ser solidario”, acotó.
Cada 14 de Mayo se ponen de manifiesto los sentimientos que unen a cada Fraternal con la que un su momento fue la casa que los cobijó, los protegió y los contuvo durante un etapa fundamental de la vida, como es la adolescencia. Cada uno de nosotros debe tener su manera de vivir esta fecha tan especial, donde se mezclan los recuerdos de aquellos años de internos y las anécdotas con quienes supimos compartir cada minuto de vida. Pero justamente esos recuerdos son los llenan de nostalgia a Miguel, estos recuerdos que prácticamente los dejan solo, sin tener con quien compartirlos, porque ya no están. “No he querido ir más para los aniversarios, hace más o menos 20 años estuve y comencé a preguntar por los compañeros de mí época; el que no había desaparecido, tenía un drama y al final me retiré y no estuve en el acto central porque me deprimí tanto al escuchar esa respuestas. Éstas son las etapas grises de la vida”, aseguró con voz entrecortada. Pero no todos los recuerdos son tristes para el: “El mejor recuerdo que tengo de los 14 de mayos es el baile que se hacía por la noche, era un clásico de Uruguay, me acuerdo que por la mañana todos los fraternales planchábamos los pantalones para que se les marcasen las rayas para usarlos ésa noche en el baile”, mencionó.
El no darnos cuenta de lo positivo que es nuestro paso por la “Frater” hasta que tomamos cierta distancia, debe ser una de las cosas más comunes, y a esto el confraterno lo tiene bien en claro: “Creo que los que pasaron por ahí a medida que se alejan se van dando cuenta de lo bien que les hizo La Fraternidad en todos los sentidos; en la amistad, en comprender lo que es la vida, la lucha, los sinsabores. Uno sale más maduro. Cuando uno se va de La Fraternidad un se da cuenta de lo que ha perdido. Yo me di cuenta cuando me tuve que ir Buenos Aires a estudiar (medicina), pasé por pensiones de todo tipo y me daba cuenta de lo bien que estaba en el internado. Pienso que al paso por el internado hay que aprovecharlo al máximo, porque puede llegar a ser una de las etapas más lindas de nuestras vidas, primero por la edad que uno tiene en ese momento, y segundo porque los compañeros nunca te van fallar”, mencionó con seguridad.
Los recuerdos deportivos también forman parte del álbum imaginario que nos dio a conocer esa mañana: “Cuando yo estaba, La Fraternidad llegó a tener un equipo en la primera división del fútbol de Concepción del Uruguay, eran los de Estudiantil Fraternal, el básquet no era todavía de primer nivel, pero el fútbol sí, es más casi logra salir campeón compitiendo con dos grandes con Gimnasia y Atlético Uruguay”, comentó el Dr.
Su padre, que además de ser Fraternal, fue un prestigioso médico de Colón. Entonces por qué se tenían que cortar estas dos vocaciones que se llevan en lo más profundo del alma: “Mi padre estuvo en La Fraternidad desde 1985 hasta 1990 y como médico estuvo 60 años como director del hospital de Colón, de los cuales estuvo 48 años de forma honoraria ya que no había dinero para pagarles ni a los médicos, ni a el. Y yo también fui director de este hospital y dejé de serlo hace 20 años porque los gobernantes de turnos de entonces comenzaron a mandar más que yo, el titular. Es una herida que aún no me ha cicatrizado. No volví más allá de haberlo caminado durante 32 años (12 como director). Más vale no hablar más de esto porque es nostálgico”.
Cada uno de nosotros cosechó amigos en su fugaz o largo paso por la querida Casa, compañeros a los cuales tendremos siempre presente más allá de las distancias geográficas: “A mí me queda un amigo paraguayo, que yo le hablo para cada día del amigo. Me ponga a hacer un resumen y me da cosa, por no decir que pongo mal, porque ya quedamos pocos”, declaró con cierta melancolía.
Miguel tiene 91 años, pero no parece. Según él, la clave está en no quedarse: “Un consejo para los más jóvenes: lo importante es mantenerse en actividad, porque como dijo un escritor: Los espacios vacíos son los que ayudan a envejecer. El estar mirando el techo como hacen muchos jubilados no sirve, el que se jubila tiene que dedicarse a otra cosa que lo mantenga vivo, a mi el seguir trabajando como médico me mantiene vital, a la de arriba (se señala la cabeza) le hace bien”, aclaró.


Finalmente la visita llegó a su fin, daba para más por su puesto, pero todos tenemos cosas que atender. Walter y Facundo la escuela, Benito y Oscar sus familias y ocupaciones, Duilio y yo el Internado y los estudios, y Miguel, como todos los día y con sus disimulados 91 años, el consultorio médico más antiguo y respetado de Colón. “Estoy muy agradecido de que hayan estado en mi casa, porque me vinieron muchos recuerdos. Estoy muy emocionado por la visita y las palabras de ustedes, ahora me siento como que si tuviese 12 años. Muchas gracias”.

Homenaje al Ingeniero GUSTAVO TORRESÁN (f), hijo del Fraternal Jorge Torresán

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