20 de Junio - Día de la Bandera Argentina

lunes, 14 de septiembre de 2009

Fraternal Pedro López y su discurso el sábado en el Homenaje a Florencio López



FLORENCIO LOPEZ
Septiembre de 1909- septiembre de 2009.

SEÑORAS, SEÑORES, invitados especiales, autoridades, fraternales de siempre, público asistente
Quiero antes de iniciar este homenaje, agradecer a los organizadores, por la confianza dispensada, al pensar que mis palabras podrían interpretar el sentir de todos los allegados y amigos de Florencio López - de la ciudad de Concepción del Uruguay, en este tributo a los Cien años de su nacimiento-
Es así esta ocasión entonces para quien les habla, una distinción, a la vez que una fuerte exigencia a la objetividad, diría una de esas circunstancias que conmocionan el interior, que arrojan recuerdos en tropeles, y que exigen precisiones claras.
Circunstancias que como encrucijadas, - tal como lo planteara el Gran Pericles en su célebre Discurso Fúnebre- nos desafían cuestionándonos en íntimo interrogatorio para esclarecer si el alcance real, profundo y lúcido del mensaje sobre la persona que queremos traer hoy a este ámbito, no quedará sólo en palabras.
Plantearnos si se ajustará a lo que fue el valioso hombre que recordamos; dudar si no será un recordatorio más o por el contrario si en una metamorfosis anhelada, aquella valiente y decidida figura de Florencio López, cobrará la vigencia sonora y firme de un fuerte repicar de campana.
Campana familiar y querida, de nuestra lejana adolescencia, indicadora fiel de los tiempos, que multiplicada en el aire uruguayense, nos hablaba de compromisos; campana aún vigente en el alma, que en lenguaje fraternal, nos indicaba: llamada- atención y ejecutiva.
Puedo así, asociar las personales vivencias de mí Casa Grande que fue la Fraternidad, con el ciudadano Florencio López.
Seguramente la presencia que recordamos del negro López, su vida de entrega y servicio encontrará la plenitud y trascendencia de los grandes, si lo imaginamos siendo el fuerte tañir de una lejana campana del tiempo que convoque a las jóvenes generaciones: a una especial llamada-atención y ejecutiva .
Y así Florencio López llamará en los más nuevos tiempos al esfuerzo; invitará constantemente a la atención responsable del trabajo tesonero; y a testimoniar en ejecutivas acciones cumplidas la firmeza y honestidad ciudadanas. Esa fue su vida.
Con lo que en este imaginario repique lo haremos vigente a este hombre, simple y culto, que recordamos hoy en el centenario de su natalicio, un maestro por naturaleza que demostró adherir incondicionalmente a la libertad, que supo ejercitar sin ampulosidades el respeto a valores morales, y testimoniar en anónima sencillez la defensa inclaudicable de la vida.
Estoy así trayendo ante ustedes, a Florencio López, el ciudadano de Concepción del Uruguay. El vecino de la ciudad, que conformando su hogar con - la para todos “angelical” Esther Corbella, levantara su “Ñanderogamí” como cálida fortaleza de amistad, música y poesía. Como hogar de jóvenes bailarines, de hogareños fogones, con célebres figuras de la música folclórica, por entonces jóvenes promesas.
SI. ……Estoy hablando de Florencio López el ciudadano uruguayense, abierto, servicial, de buen diálogo con todos, de trato cordial y firmes ideas.
De convicciones y acciones valientes, casi como inspiradas en el decir de Manuel Belgrano: “El miedo sólo sirve para perderlo todo”. Que abona aquella acendrada y valiente amistad de Florencio con Atahualpa, que lo llevaba a visitarlo- viajando en tren- cuando el eximio compositor y guitarrista, en la década del 50 - se había refugiado en algún lugar del Dpto. Tala en este E Ríos, de verdes intensos.
Tenemos ante nosotros a Florencio López- el particular ciudadano, correntino de nacimiento, y entrerriano por adopción.
El luchador infatigable del acervo nativo, que con prestancia, y caballerosidad, difundía y perseveraba en su decisión de sumar adherentes a la cultura nativa propia de cada región. Quiero rescatar especialmente al esforzado, al inclaudicable difusor del mundo aborigen, que fue nuestro querido Negro López.
Me invade un íntimo convencimiento que Florencio López desarrollaba en sus afanes y proyectos un sortilegio de alquimista, que seguramente habrá ensayado a lo largo de muchos años, para convertir en realidad tantos proyectos, afanes y sueños; desde una sencilla realidad, en la que no sobraban los recursos. Y también desde un impecable hogar signado por la austeridad más sobria, a la vez que por el abigarrado mundo de testimonios en fotos, pergaminos y murales, que ilustres visitantes dejaban en Ñanderogamí.
Sus logros no fueron menores. Se distinguió sin quererlo, con sencillez, y lo vivía como rutinaria cotidianeidad a esa aquilatada vinculación con hacedores de espectáculos folclóricos de jerarquía.
Llevó su nombre y el de esta ciudad a innumerables lugares, que lo recibieron con honores. Supo así: de roles destacados en diferentes eventos; vinculación fundacional y permanente con festivales de envergadura; dictado de conferencias; viajes con sus bailarines a escenarios importantes, como a las numerosas escuelas rurales, que recorría sin cansancio.
Gustaba del estudio y reflexión de la lengua guaraní, sobre la que produjo este texto que hoy tengo en mis manos. “Toponimia de Entre Ríos” Vigencia Aborigen – año 1980; la dedicatoria nos habla de su reconocimiento a esta SU ciudad, y dice:
“Pedro, Melba y sus hijos: acepten Uds. esta travesura que tiene facetas fraternales, y es mi homenaje a mi raza y a la hospitalidad entrerriana. Florencio y Esther- Ñanderogamí- Enero de 1981”
El Prólogo de ese texto, lo hizo el Profesor Celomar Argachá, de quien tomo algunas de sus consideraciones sobre Florencio López, cuando dice: “Sería largo enumerar el curriculum de este autodidacta, que con tesón y esmero ha logrado destacarse y proyectarse a nivel nacional, como profundo conocedor de nuestra vida autóctona y mantenedor de nuestras tradiciones”
Florencio López concluye este libro, con una aseveración que encierra en pocas palabras la MISION que encarnó en su vida, y dice: “quienes tenemos la suerte de hablar ese maravilloso idioma, tenemos el deber de transmitir a la juventud, que es la destinataria de nuestro esfuerzo”
Si – siempre un particular impulso para los jóvenes, y lo demostró volviendo accesible la presencia de figuras renombradas en sus Peñas o en escenarios de esta ciudad, que lo cobijó y alentó con particular afecto. Florencio López se ganó el reconocimiento, y hasta el lugar de “hijo” de C.del Uruguay.
Supo estar entre sus innumerables roles: en análisis de músicas y letras, fue asesor de diferentes grupos musicales. Organizador de concursos y certámenes sobre temas nativos. Un fruto de su creatividad, lo constituyó la elección de la “Flor del pago” circunstancia que siempre fue reconocida en el ámbito educativo, y que hurgaba en las raíces mismas de la identidad lugareña.
Podríamos seguir enumerando muchas actividades más, que fueron fruto de esa pasión que hacía posible lo difícil, lo costoso o inaccesible. Y a la ponderada condición de talento y creatividad; a su innata capacidad de trabajo, y esfuerzo - que he resaltado sumo la caballerosidad que desarrollaba desde su persona y que instalaba en las huestes juveniles, que seguían sus preferencias, deportivas o artísticas.
Parecían guiarlo los conceptos vertidos por Romano Guardini, en sus Cartas de autoformación, cuando dice: “Estos son los tres grandes imperios del hombre: el trabajo, el servicio y el deporte. No se los puede separar. Mutuamente se implican Los tres tienen como centro la libertad interior. No se ejecutan a la fuerza. El hombre se entrega a ellos por sí mismos. Un elemento de suyo es la nobleza, cuyo clima es la ausencia de interés personal en el propio ego.”
Rasgos como los enumerados exhibió con autenticidad Florencio López, empeñado en generar personalidades libres, equilibradas, con autodominio, y señorío sobre sí mismas.
Tan polifacética como fecunda personalidad, permitiría aun mayores enumeraciones, testimonios, anécdotas y variadísimas acciones cumplidas. Se integró naturalmente y sin esfuerzo, con los docentes, escritores e intelectuales de su hora.
Nuestro entrañable Jorge Martí, lo describe a esos vínculos acertadamente en el Prólogo del texto de Delio Panizza “Advertencias del camino”- que el centro de Ex Internos fraternales “Dr. Ernesto Maxit” publicara en el año 1993, como Homenaje al Centenario del nacimiento del insigne poeta de Montiel: Dice Martí: “Me quedan unos recuerdos evocadores, como esa amistad de ideales comunes que lo unió con nuestro inolvidable Ernesto Maxit, y su cálida vinculación con Florencio López, el “Fraternal honorario” que sigue vivo en todos…”
Se han desgranado palabras que solo muestran algunas facetas de la rica personalidad del correntino uruguayense Florencio López, es imposible, retenerlo o encerrarlo en palabras, su altiva autonomía, tampoco lo permitiría. Sigamos buscando en él, y su accionar que no ha perdido vigencia, responderá a nuestro llamado : siempre estará el maestro, el amigo, el autodidacta, el estudioso, el enamorado de su tierra, el generoso, el “pequeño mecenas” que en artilugios esforzados patrocinaba cultura y amistad.
Florencio López con los versos de David Martínez en su Canto a Caa Catí nos dirá en su voz de timbre y sones correntinos, dirá a Concepción del Uruguay:
“No me llaméis a otra ciudad distante
Ni me olviden las luces de este cielo.
Feliz me siento aquí, quietado amante,
Mi reino sin corona es este suelo.

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Homenaje al Ingeniero GUSTAVO TORRESÁN (f), hijo del Fraternal Jorge Torresán

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