20 de Junio - Día de la Bandera Argentina

miércoles, 9 de septiembre de 2009

A Florencio López : "Hacer cercano el hogar"



Por el Fraternal Pedro A. López (Interno 1955 – 1959)

Llegó a ser nuestro amigo en la vida adulta, aquel nuestro formador en la adolescencia: nuestro querido “NEGRO LOPEZ”.
Han sido tan ricos los cinco años vividos en LA FRATERNIDAD, tan llenos de increíbles emociones, que cuesta elegir aquello - que tenga alguna significación, para los lectores, sobre este hombre que en septiembre próximo cumpliría 100 años.
Florencio López plasmó para muchas generaciones, infinidad de circunstancias, pequeñas algunas, a veces cotidianas, que hasta parecieron imperceptibles, e importantes otras.
“... Llegó a ser nuestro amigo en la vida adulta, aquel nuestro formador en la adolescencia: nuestro querido
“NEGRO LOPEZ”...”
Son estas circunstancias las que cincelaron sin que nos diéramos cuenta, perfiles de madurez, y libre autodeterminación en todos los que estuvimos vinculados a su accionar, en la querida Frater. Llegó a ser nuestro amigo en la vida adulta, aquel nuestro formador en la adolescencia: nuestro querido “NEGRO LOPEZ”.
No se si he discernido adecuadamente, es tan sólo un pasaje lo que he elegido.
Lo relato desde un cálido rincón del alma, ese íntimo recodo donde uno atesora hechos que como mojones de la ruta de la vida, quedan enclavados, marcando proyecciones de peso.
Corrían los primeros meses de 1955, estaba llegando el otoño sobre C.del Uruguay, y este se descubría en sus calles que empezaban a amarillear de hojas secas.
Yo había llegado en los últimos días de febrero a nuestra Casa Grande.
Estaba descubriendo un mundo nuevo, y extrañaba mi mundo hogareño. No lograba olvidar la mesa familiar, los ruidos de mi casa, mis hermanos, fuimos cuatro varones, y una mujer, compañeros de travesuras, y juegos.
Las calles de mi pueblo, sus árboles, la plaza, mi padre llegando de viaje, mi madre en mil y una tareas y labores. Todo me ataba fuertemente, a muchos kilómetros de La Frater.
Pero el desafío de arribar a ese mundo fraternal, que descubría incipiente, me atraía fuertemente. Este lugar pleno de actividad juvenil, de muchachos mayores, que realizaban múltiples actividades, de todo tipo: literario, deportivo, social, era el imán que me planteaba una suerte de tensión interior.
Y así aunque nuestra CASA todavía me resultaba demasiado espaciosa, y con vínculos muy recientes, que no llegaban a reemplazar esa sensación de hogar lejano, que no me abandonaba- se plantaba increíblemente atractiva para el devenir.
Entonces esas tardes ya frías me encontraron cursando Primer año del Secundario, con 13 años un poco altivos – para que no creyeran que por ser pichicato podían arrearme-y un poco interiormente desconcertado- porque añoraba enormemente mi Alvear natal.
Esas tardes un poco ventosas, me descubrieron yendo al Puerto de Concepción del Uruguay, (Pedía permiso para ir al baño, y me escurría del Estudio, para salir disparado por ese túnel arbolado de la larga calle hacia el puerto) a esperar el arribo del tren del norte. Desde allí muchos pasajeros continuaban viaje a BsAs, en el vapor de la carrera, que portentoso para mi visión de aquella época, aguardaba en el muelle.
Qué buscaban esos trece años, de pantalón largo recién estrenado, a paso vivo por la 8 de junio, casi corriendo, para llegar al puerto?... afanosamente quería descubrir, algún conocido de mi Alvear lejano… ahí estaba yo, con el corazón palpitando, esquivando un mundo de bolsos , equipajes, encomiendas, personas apuradas , voces diversas, …hurgando con la mirada cada rostro, para encontrar una sonrisa allegada que me saludara con el cariño de mi pueblo. Estuve con tu padre…justo antes de viajar, escuché muchas veces, con regocijo.
A veces no encontraba a nadie, y retornaba con un dejo de frustración que minimizaba diciéndome este tren…este río....cruzaron hace algunas horas por mi pueblo, y compensaba en mi corazón la añoranza adolescente.
Pero ahí estaba La Frater que me esperaba con su bullicio, y actividades.
Y ahí también estaba, bien plantado, nuestro entrenador: Florencio López.
Pasó a ser a mi entender como la “nave insignia” de Estudiantil Fraternal. Era el enfermero, para cuando caíamos a enfermería, y el adalid que no dejaba de plantear actividades.
A medida que iba conociendo a los más nuevos, los incorporaba sin contemplaciones, ni muchos miramientos a actividades deportivas diversas. Era firme, paternalmente serio y seguro. Ordenado, organizado y disciplinado.
Y lo principal para aquel nostálgico adolescente: no dejaba lugar a las melancolías inactivas;
Él sólo sabía de horarios acotados, y actividades deportivas, que fluían sin cesar.
Con convicción exponía un mundo de competencias, que a su criterio nos aguardaba para que triunfáramos; instalaba en nosotros la seguridad de éxito. Y el entusiasmo por participar.
Aunque seriamente tal vez no reuníamos las condiciones para la propuesta; él estimulaba ese esfuerzo convencido, que cultivado genera capacidad y actitud, al tomar decisiones.
Y en lugar de escapar del estudio para ir al Puerto, salía yo con increíble urgencia a la cancha. Al juego. Al esfuerzo. El incansable Negro López, diagramaba las jornadas y nos volvía apasionados, por el equipo. Así se fueron sucediendo las convocatorias para Campeonatos por cursos y por dormitorios. Era todo un desafío. Los de PRIMERO contra los de QUINTO.
Algo de fútbol me era familiar; pero nuestro entrenador, me animó a incursionar en el Básquet.
Una fila de cinco o seis sillas en medio de la cancha, y este LIDER de voz firme, y gestos seguros, nos enseñaba los rudimentos más elementales. Ahí desfilábamos con torpeza primeriza, en un comienzo y más seguros después, zigzagueando entre las sillas, y picando a la vez. Él sabía esperar nuestras evoluciones…
A mí en particular me indicaba, que debía saltar y adueñarme de la pelota…para Estudiantil Fraternal, en la disputa de los rebotes.
Sin fatiga. Con perseverancia, este hombre nos fue metiendo, como una cuña el amor a Estudiantil Fraternal, que llegó a ser una hoguera en los corazones juveniles. Y así encolumnados llegábamos a los Estadios de la ciudad, cantando y vitoreando. Era nuestro Club, el que íbamos a alentar, y por el que debíamos entrenar sin cansancio.
Las añoranzas del hogar distante se iban disipando y el presente era un torbellino que no queríamos abandonar, y empezaba nuestra FRATER a tomar forma de hogar multitudinario, con códigos y reglas propias.
Ahí llegaba, Florencio López, cargado de ideas, y responsabilidades que delegaba en todos; sea los equipos a lavandería, los elementos de juego, en el partido la Mesa de Control, había tarea para todos, y la exigente comprobación de haber cumplido con lo encomendado.
Su figura vestida de blanco, su piel morena, su presencia erguida era la del sacrificado conductor de jóvenes, que llegaba simplemente en su bicicleta, luego en una “chata”, y así sencillo pero audaz y firme en sus prédicas, nos volvió necesarios para nuestra Casa.
Cuando algunos titulares de Básquet, por enfermedad debieron ser suplantados, y anunciaron mi nombre en el Comedor, para integrar el equipo ; las risas de los que me consideraban novato, no hicieron mella en mi confianza, estaba sustentada por la seguridad que significaba que nuestro ENTRENADOR, creyera en mi.
Jugué mi primer partido, ganamos, y desparramé tanta gente debajo de los aros, que me gané la titularidad para los años de Frater.
Las idas al puerto se espaciaron,..., aunque la casa paterna siempre latía en mí.
Llegó septiembre de 1955, ÑANDEROGAMI, nos esperaba y mi nombre estaba – en la tarjeta - entre los homenajeados del Mes. Los dueños de casa: Florencio y Esther, la dulce y angelical DAMA de Ñanderogamí, nos recibían con una distinción que excedía a nuestros merecimientos. Nos trataban como si ya hubiéramos llegado a ser, lo que ellos soñaban podríamos ser cada uno de nosotros, en un futuro en ese momento muy lejano.

Delio Panizza, músicos, poetas, invitados especiales y notables del medio, se encontraban a lo largo de las mesas tendidas para el evento. Estaba en un hogar que sentimos como propio.
Gracias Florencio, por dibujar el HOGAR FRATERNAL, en el alma de tantas generaciones. Gracias por ser ignoto maestro, de actitudes nobles, de dignidad ejercida, de lazos fraternos y de hombría de bien.

No hay comentarios.:

Homenaje al Ingeniero GUSTAVO TORRESÁN (f), hijo del Fraternal Jorge Torresán

Buscar en este Blog, Enlaces, Internet...

Etiquetas

Etiquetas